Daniel Bernal Moreno
Teníamos meses sin hacer el amor. Nuestras riñas eran parte del desayuno y postre en la comida. Como nunca faltan las opiniones, alguien nos sugirió acudir a un terapeuta sexual. Después de muchos intentos fallidos, nos aconsejó “auto-explorarnos” sexualmente. Con cierta incredulidad y mucha pena, lo hicimos, cada uno ocupando un extremo de la cama.
No me puedo quejar, hoy los problemas casi han desaparecido y nuestra sexualidad es plena. Dormimos en camas separadas y no usamos anillos de matrimonio, ahora nos resultan incómodos.









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