A manera de presentación
En estos días, hace un lustro vio la luz la “Espiral Urbana”. Textos para web y radio. Textos que hablan de personajes, hábitos, espacios, lenguajes e imaginarios de esta ciudad. Textos cuyo único objetivo es hablar de la ciudad que transcurre en un viaje en autobús o a lo largo de 40 años de vida. Cada quien sabe cómo aborda el taxi urbano que es la Puebla de los Ángeles y los demonios. Un ranchote para algunos, una medusa colonial para otros, y, para alguien más, una biopsia de la mala planeación urbana. Ésta es la “Espiral”.
Se trata de no quedarnos únicamente en la mirada poética de los histórico, lo crónico o lo simbólico. Esa mirada siempre será invaluable e inolvidable en voces como la del gran Ibarra Mazari.
“La Espiral” no pretende sino unir el drama con el cemento, retratar al ángel a la par del chamuco urbano. Trata de empalmar la posible tragedia de la ciudad sin forma con las múltiples identidades mudas o sordas que la llenan, la habitan, la gozan, la padecen o la destruyen.
Gracias es una palabra pequeña, pero resume bien el enorme sentimiento hacia la vida, lectores y radioescuchas durante este viaje en combi que comenzó en 2015.
¡¡Gracias!!, por continuar leyendo y escuchando de vez en vez la “Espiral Urbana”.
CORONAVIRUS PIPOPE
(La culpa es del caldito de pollo)
Juan Daniel Flores
Yo no creo en eso del coronavirus. Hasta acá eso no llega.
Además a esta ciudad le han pasado cosas peores, como cuando la Franja quedó 0-0 ante el León en El Cuauhtémoc en el 92. Esa vez el boleto me lo vendieron al triple, tuve que empeñar mi chamarra en el Monte de Piedad, llovió a cantaros y pa´colmo los cacahuates con salsa casera me hicieron ir al baño al menos 6 veces, de “aguilita” claro, y para rematar la Jacqueline ni un beso me dio.
Pero eso no ha sido lo peor. Desde el 85, poquito después del terremoto, cuando empezaron a llegar los chilangos, desde ahí se comenzó a poner fea la cosa. Tan bonita que era la ciudad con sus campanas, camotes, la fayuca en la 6 oriente.
A mí se me hace que esos chilangos, coreanos, brasileños, gringos, chilenos y argentinos nomás vinieron a presumir su vida de blancos, su acento mamón y su comida extranjera. Sólo vinieron a perturbar nuestras costumbres y nuestras fiestas patronales. Qué casualidad que desde que ellos llegaron, la China ya no es poblana sino princesa y hasta tailandesa. Hasta andan diciendo que los tacos árabes no son árabes y que la cemita no se escribe con ce sino con ese. Para mí que lo de los terremotos, los diluvios y las enfermedades las trajeron los extranjeros.
Súmale a éstas desgracias, que el gobierno, desde hace muchos años, dejó entrar otras religiones. ¿Qué es eso de Los Güeros con corbata y mochila o de los que cantan y aplauden en la iglesia?
¡Cuando se había visto que hasta las iglesias estuvieran cerradas! ¿A poco un virus puede entrar a contaminar la catedral o a un motel? Puras tonterías, ni se ve nada. Por aquí yo no he visto pasar los muertos.
Ese bicho lo trajeron los pinches chinos imitadores de todo. Si nomás es cosa de lavarse bien la boca, comer muchos frijolitos o un caldito de pollo bien caliente con mi cemita poblana y ya está. Si tengo malestares, me tomo un tapsin y se me quita. Nosotros somos bien fuertes, vencimos a los franceses y al gober precioso, ¡que no! Ese virus no existe, ¡qué chingaos!
A mí me operaron en el seguro de la hernia a las 10 de la mañana, y a las 12 ya me estaban sacando a la calle, que porque no había espacio en San Alejandro. Los mexicanos en versión pipope aguantamos de todo. Es cosa de saber sobrevivir. Con o sin virus el mundo sigue.
Pa´mi es cosa de no rajarse y de no andar de mariposito tapándose la boca con un trapo. Ya cuando te toca, te toca.
Ora qué es eso de que no puedo convivir con la familia, ni hacer fiestas, ni salir. ¡Puras patrañas! ¡Chi Bill Geys! No le basta con hacer teléfonos inteligentes para espiarnos. Sólo eso faltaba. Ahora resulta que no podemos reunirnos para jugar al fut, echar unas cheves o para echar la copa, celebrar a las madrecitas y a los chilpayates. Uno como quiera, pero los niños qué culpa.
Si los mexicanos somos rete fiesteros y alegres por naturaleza. No hay nada que no cure una coca de tres litros y 2 tacos de tripitas del mercado o unas memelitas bandera. Ya bastante nos jodemos de sol a sol, todo el año, como para que nos demos nuestros gustitos de reunirnos para echar la fiesta.
Mejor hay que unirnos para puras cosas buenas y no estar pensando que nos vamos a enfermar. Hay que ser positivo y no estar pensando cosas malas, que si las marchas de estudiantes, que si matan mujeres, que si asaltan en los camiones, que si sólo con estornudar nos contagiamos. Eso pasa en todas las ciudades grandes. Mejor hay que salir adelante. Esta ciudad no se hizo para estar encerrado.
Esto de los virus son cosas que usa el gobierno para manipularnos y tenernos dormidos. Mi abuelito me dice que Don Maximino no se andaba con cuentos o inventando enfermedades. ¡A la gente se le controla a chingadazos! Corrupción y violencia siempre ha habido, ya sabes “el que no tranza no avanza”. Aquí no hay cosa que no remedie un pomo y la banda que lo pueden todo.
Por ejemplo, ¿qué paso con ese cuento del Chupacabras, con eso de que se iba a acabar el mundo el 2012? O esa vez que según el gobernador iba a comprar todos los barrios de Puebla para venderlos a los chinos y a los españoles para hacer hoteles spa, jajaja. ¿Cómo van a creer ustedes que la gente se iba a salir de sus vecindades, y que éstas puedan servir para hacer posadas para los turistas? Puros cuentos chinos.
A esta ciudad no la vencerá tan fácil un virus de quien sabe dónde, inventado por quien sabe quién. Además, de algo nos tenemos que morir.
…porque sólo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.









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