Giuseppe Scaraffia
Baudelaire sitúa el derecho a contradecirse entre esos derechos del hombre tan proclamados como constantemente eludidos a los que la sociedad burguesa tantas y tantas veces apela. La línea de coherencia a la que el burgués decimonónico alude coincide con la constancia de su interés económico. Quien, como el dandi, se aparta de este sólido fundamento, se ve envuelto en el indeciso flujo de la vida y, a su vez, crea sus reglas en consecuencia. Reivindicar el derecho a contradecirse significa desenmascarar la fachada moral con la que se cubre lo económico y, con esto, la esclavitud que la burguesía vincula a ello. Para quien como Baudelaire, ha derrochado ya desde su juventud la mayor parte de sus bienes, obteniendo el doble resultado de impedirse cualquier posibilidad de retorno al mundo de la previsión y el ahorro, y de trazar un ejemplo de estilo de vida ideal, cualquier tregua, incluso de la mente, resulta imposible. El esfuerzo reiterado de conjugar lo real con lo ideal, lo induce a un movimiento continuo que, en su repetirse, traza un laberinto en el que si bien no es posible perderse porque cada vez verifica un “eterno retorno”, está prohibida la paz, también la de la desesperación de encontrar siempre en el mismo punto del que se había partido. Porque, como demuestra el Bolero de Ravel, cada nuevo retorno, aunque coincide con el precedente, queda irremediablemente lejos de él, para bien o para mal.
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Entrada del Diccionario del dandi (Machado Libros, España, 2009).









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