Miguel Samsa
Al crear escuelas con un carácter más rígido y especializado Platón y Aristóteles habrían condenado a muerte a la filosofía, pues terminarían convirtiéndola en una disciplina de claustro, sin contacto con la vida pública y sin posibilidades de incidir en ella.
De esta manera podrían resumirse los fragmentos conocidos de Diatomea de Esmirna (¿340-295? a.C.) recogidos por Jacobo Rabinovich en su Breve relación de los filósofos olvidados (Barcelona, 1937), quien insiste en el carácter casi legendario de esta filósofa, cuya datos biográficos son vagos e imprecisos. Al parecer, habría viajado en su juventud por Persia y Egipto, interesada en la astronomía —aunque aclara Rabinovich que algunas fuentes la acercaban más a las artes adivinatorias.
Hacia el 328 a.C. se habría integrado al Liceo, atraída sin duda por la ya consolidada fama de Aristóteles. Sin embargo, Diatomea habría permanecido poco tiempo ahí: la amplia diversidad temática de las investigaciones realizadas seguían maravillándole, pero el afán por reducir todas las observaciones y propuestas teóricas a los principios básicos del pensamiento aristotélico le resultaron asfixiantes.
Para Diatomea el trabajo filosófico realizado en el Liceo terminaría, tarde o temprano, por reducirse a un conjunto de estancos rígidos ordenados en función de un puñado básico de conceptos inamovibles, a los cuales deberían ajustarse de una forma u otra los resultados tanto de las reflexiones como de las observaciones empíricas de sus integrantes. Y esto implicaba, para ella, convertir a la filosofía en una técnica confirmadora de verdades más que en una búsqueda auténtica del conocimiento.
Diatomea terminó por abandonar el Liceo y, tras una estancia aún más breve en la Academia —que sólo agravó su desencanto— salió de Atenas y se dirigió a la recién fundada Alejandría. Ahí, en los recintos de la Biblioteca, muchos de ellos casi sin estrenar, encontró el ambiente de libertad creativa necesario para desarrollar su trabajo.
Rabinovich da cuenta, basándose en fuentes indirectas, de que al menos habría escrito una veintena de libros de diferentes temáticas. Pero sólo perduraron algunos fragmentos de uno de ellos, donde da cuenta de su experiencia en el Liceo ateniense. Ahí, Diatomea advierte sobre los efectos nocivos que para la filosofía podría tener el modelo de trabajo utilizado en el Liceo: no sólo la posibilidad de que la inventiva personal se viera mermada por la exigencia de ajustarse a un puñado de postulados básicos, sino además el riesgo de un distanciamiento cada vez mayor entre la reflexión filosófica y la vida cotidiana de la polis. Conforme los filósofos se concentraban más en investigaciones especializadas y desarrollaban su trabajo dentro de un solo recinto, tenían menor presencia en la plaza pública y sus voces contaban con menos eco entre sus conciudadanos.
Quizás, aventuraba Diatomea, Aristóteles sería el último filósofo en tener una incidencia real sobre la vida pública, al haber educado a Alejandro Magno. Pero después de él serían cada vez más escasas las posibilidades de que ocurriera. La actividad filosófica, anticipaba, terminaría por convertirse en un grupo de estudios y discusiones cerrado, casi hermético para el común de los ciudadanos, y en este sentido, los filósofos, ya de por sí tenidos como seres excéntricos, acabarían por desterrarse a sí mismos, condenados a la incomprensión y el desdén.
Rabinovich insiste, en la breve nota con que presenta los fragmentos de Diatomea, sobre el carácter casi legendario de la autora y la posibilidad de que se tratara de una obra adulterada o, incluso, de una falsificación. En especial porque entre las fuentes que hacen referencia a ella existe discordancia tanto sobre las fechas en que vivió y trabajó, como acerca de sus mismas actividades. Señala que su confinamiento final en Alejandría es el dato más confiable, pues hubo quienes aseguraron que tras su retiro del Liceo se habría casado y llevado una vida doméstica en el puerto de El Pireo; también, que erraba por la Península Ibérica como hechicera y curandera; incluso, entre las historias más descabelladas, que habría sido mentora de Hipatia.









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