Roberto Martínez Garcilazo
Dintel
Ocurre la desgracia y otra vez el espíritu pregunta por el sentido de la vida, o, mejor, intenta construir un fuerte-castillo, muro, baluarte-en el que guarecerse y defenderse del asedio de la tragedia. Buscando esa fortaleza llegué —otra vez— a la “Consolación de la filosofía” de Boecio.
La imperturbabilidad del pensador ante la adversidad; la sabiduría de la vida como piedad y reverencia ante la creación; el destino y la libertad de acción del hombre, girando el uno tras de la otra en peligroso equilibrio; el conmovedor sufrimiento del justo y la cínica prosperidad del delincuente; son tópicos de la filosofía que me permiten construir —realmente quiero decir intentar— una explicación del suicidio de mi amigo Vinicio que me devuelva la tranquilidad de ánimo y que mitigue el dolor que me infirió.
Y aunque en otros días la muerte ya ha “pisado mi huerto” (a mi edad uno atesora ya una fatídica bitácora de desapariciones), siempre que su “brutal empujón” derriba a alguno de los que amo, también echa por tierra mis precarias certezas. Siempre es así y, estoy convencido, ya configura una verdad empírica de raigambre bíblica: “vanitas vanitarum”.
Mi necesidad de consolación me llevó al ensayo “El mito de Sísifo” y al drama “El malentendido” de Camus. El terrible parlamento de Martha, la hermana del desafortunado Jan, funcionó en mí como una luz que orientó mi búsqueda del norte significativo: “Sólo existe un problema filosófico verdadero: el suicidio”.
Aunque, meditándolo en profundidad, el problema filosófico es otro, es la existencia de Dios, tal y como lo plantea Camus: “Si Dios no existe, no hay sentido y la vida es absurda: una vida sin sentido es indigna de la idea del hombre como logos”.
Leo e imagino entonces que Vinicio, en medio de la inmaculada esfera solar de la mañana del sábado 29 julio, puso en escena la conclusión del filósofo y renunció a continuar representando a aquel personaje que asciende “con su ilusión falsa y terrible”, por la pendiente de los días, empujando una gigantesca piedra esférica que, una vez que llega a la cima, cae otra vez hasta el llano para reiniciar el absurdo ciclo.
¿Puedo, entonces, considerar el suicidio de Vinicio como un acto de insurrección ontológica? No sé, en estas bajuras de mi vida nada sé, pero recuerdo éstas palabras del argelino: “¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice que no. […] Un esclavo que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable atender una nueva orden.”
Esta adolorida divagación me hizo desembarcar en Holderlin, en su “Muerte de Empédocles”, el drama sobre el santo que se arrojó al cráter del Etna: “Y abiertamente consagré mi corazón a la tierra grave y doliente, y con frecuencia, en la noche sagrada, le prometí que la amaría fielmente hasta la muerte, sin temor, con su pesada carga de fatalidad, y que no despreciaría ninguno de sus enigmas. Así me ligué a ella con un lazo mortal.”
Además, me detuve a considerar oraculares estas palabras de Pausanias, en la segunda versión: “Vivir solo y sin dioses es acercarse inexorablemente a la muerte.”
Pero nada alivió mi pena.
La noche sagrada de Vinicio fue la del viernes 28 de julio, noche de vertiginosos y refulgentes torbellinos azules.
El sábado ofició —solitario— su violenta vinculación con la tierra.
Desde entonces mi amigo muerto es mi maestro de enigmas.
Salto al vacío
Un sábado temprano desapareció
decidió escapar de su mundo desconsolador y vulgar
se cansó de vivir
un día a la vez
y cada veinticuatro horas
en lo más alto del puente
lucha contra el ángel misterioso
terrible y fascinante que es él mismo
y cae
se inmola por amor (o por miedo)
sus vértebras cervicales
sus costillas
se rompen
contra el suelo numinoso
Sus ojos ven la luz deliciosa de la otra orilla
y (tal vez) se cierran en estado de gracia
antes de expirar piensa que su muerte es una ofrenda
de vida (o un testimonio de lo absurdo)
Kairos
Aquel día luminoso
mientras caía
se le reveló el sentido:
- Dios espera que leamos el libro de la Creación pacientemente
- Su voluntad es ineludible.
Tempus fugit
Nunca nos volveremos a encontrar
Allá, en la hedionda oscuridad de la tumba
te corrompes irremediablemente
Las décadas se han comprimido en el instante
en que cae la última paletada de tierra
Como la flama fugaz de un día
es tu vida
es la mía
la de todos los que respiran sobre la tierra
Nunca otra vez
Irremediable
Áurea mediocritas
…
¿Se arrojó desde la Roca Tarpeya del Capitolio?
¿Fue lanzado desde el Monte Teigeto?
No
En estado de temblor ansioso
se dejó caer desde el sucio puente del periférico
de una ciudad innoble
Defenestración y precipitación del suicida
- La vida es eterna
- La vida nunca termina
Símbolo
La noche estrellada del viernes era un torbellino azul y vibrante
Requiescat in Pacem
Niño amortajado con sudario de palomas
que duerme eternamente en el féretro negro
——
Sábado 29 de julio. Suicídio, 08:10 horas.
Lunes 31 de julio. Hallazgo de su cadáver en el SeMeFo, 15:30 horas.
Martes 1 de agosto. Inhumación, 13:52 horas.
VINICIO CORONA BORBOA (1964-2017)









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