Daniel Bernal Moreno
Sus labios hinchados se abrieron para contar la historia. No pudo reconocer ninguna expresión de su padre, quien lo miró en silencio. La voz se le escapaba cada que narraba cómo lo habían golpeado; aunque se lo ordenara, él jamás negaría su origen. Ellos quisieron comprobarlo, como si esas cosas se heredaran. No era así, él tenía miedo. Se cubrió de las patadas lo más que pudo, y cuando se cansaron de pegarle, corrieron a sus casas.
Terminó su relato con lágrimas. No hubo ninguna muestra de empatía: su padre golpeó la mesa y le dio la espalda. Ató furioso la jareta de su máscara plateada y salió de la habitación con la capa flotando. Triste, pues su hijo no sabía defenderse. No era como él.









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