Fernando Sánchez Clelo
El profesor humilló con sarcasmos a un alumno por considerar frívola su respuesta a la pregunta “¿cuál es el peor infierno para un filósofo?” Pero una serie de sucesos empujó al profesor al desastre: un bulevar congestionado, una llanta ponchada, la falta de refacción, las injurias de los automovilistas, el celular sin batería y unas pocas monedas en el bolsillo. Una tarde calurosa de abril, con el autobús repleto de usuarios y dos obesos futbolistas sudorosos flanqueándolo en el asiento, entendió que el infierno descrito por su alumno podría ser el mismo para todos.









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