UBÚ
Ismael Ledesma Mateos
En el año 2000 conocí en París Charlie Hebdo, semanario satírico de izquierda, fundado en 1992, que tomó su nombre de una publicación del mismo género que existió entre 1969 y 1981 (primero como Hara-kiri y después Hara-kiri hebdo). Según Charb, director de la publicación hasta 2015, su redacción refleja “todos los componentes de la izquierda plural”. Con sus publicaciones consiguió la indignación de musulmanes, judíos y cristianos.
La derecha siempre se opuso a esa publicación, e incluso se realizaron juicios en su contra y debates sobre la libertad de expresión. Charlie Hebdo fue atacado por grupos religiosos y sufrió un atentado en 2011.
Conocía ya otro periódico de humor satírico: Le canard enchainé, también de orientación izquierdista y anticlerical, pero al ver por primera vez Charlie Hebdo me encantó.
Es indignante lo ocurrido el 7 de enero de 2015, cuando en la sede del semanario en París dos encapuchados asesinaron a doce personas e hirieron gravemente a otras cuatro. Mataron al director Charb, a otros dibujantes y a dos policías. Este grave acontecimiento nos lleva a reflexionar acerca del tema de la libertad de expresión y de los fanatismos que aún en pleno siglo XXI siguen imperando. En un país que ha sido ejemplo de la verdadera democracia y la libertad, es inaudito que haya ocurrido este atentado por parte de un grupo extremista islámico, cuando Francia ha sido sin duda la nación más tolerante y coexistente con el Islam.
En el país cuna del filosofo de la libertad y de la existencia, Jean-Paul Sartre, es inadmisible el suceso de un acontecimiento como ése, que a mi juicio es incluso más grave que le 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, puesto que es no sólo un ataque terrorista sino también una agresión a la libertad de expresión.
No bastando esto, en los días posteriores asesinaron a cuatro personas más en un supermercado kosher; los asesinos, Cherif y Said Kouachi (hermanos) y Amedy Coulibaly, ahora están muertos. Sin embargo, en amplios sectores de la población se ha desatado una islamofobia y una de las consecuencias más graves ha sido la generación de una paranoia social y estatal que ha llevado a la condición de militarización de las calles y a la exacerbación de la conducta policial, incongruente con la tradición francesa y su lema: “libertad, igualdad y fraternidad”, además que ocurre durante una gestión presidencial socialista.
Como declaró el presidente de Francia Hollande, este ataque no fue sólo contra su país y la prensa libre, sino contra el propio Islam, y encabezó entonces una ceremonia en el Instituto del Mundo Árabe, lo cual fue un acto simbólico de gran importancia.
Charlie Hebdo se burlaba de temas religiosos como su antecedente Hara-kiri (journal béte y méchant), que tuvo sus inicios en 1960, donde incluso hicieron mofa del presidente Charles de Gaulle en los días de su muerte. Hablo de un ejemplo de humor político y satírico, que espero continúe su actividad por largo tiempo y que Francia, esa gran patria de la libertad y la justicia, no caiga en una intolerancia absurda, como la que ha sufrido en algunos momentos de su historia (por ejemplo, cuando el magnífico y genial escritor Boris Vian fue enjuiciado por su novela Escupiré sobre vuestras tumbas), y no se convierta en un Estado policial, ahora a cargo del Partido Socialista Francés.









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