Søren Kierkegaard
Mi Regina:
Esta carta no tiene fecha y no puede tener una ya que lo esencial de su contenido es la conciencia de un sentimiento presente en mí en todo instante, aunque en todas las tonalidades diversas del amor, pero que, por esa razón, no está presente en un momento particular opuesto a otros (no a las 10 o a las 11 horas exactamente, no el 11 de noviembre opuesto al 10 o al 12). Este sentimiento, en efecto, rejuvenece sin cesar, es eternamente joven, como los libros que la Edad Media nos ha legado y que, aunque tienen varios siglos de vejez, siempre se imprimen en el año presente. Hoy estuve en el puente de Knippel; este día tampoco tiene fecha, como tampoco hay día en que yo no emprenda esa expedición.
La tarde del día de San Martín, durante mi ausencia de ocho horas, yo estaba en Fredensborg. No puedo decir si era ayer o anteayer pues no tengo el hoy como punto de partida. Ha causado asombro verme solo en el coche. Antes, tú lo sabes, yo iba siempre solo, pero la pena, el cuidado y la melancolía eran mis compañeros fieles. Ahora mi escolta de viaje es más reducida. Cuando me paseo es con tu recuerdo; cuando vuelvo es con un deseo nostálgico de ti. Y en Fredensborg esos compañeros de ruta se arrojan al cuello uno al otro y se abrazan. Yo amo tanto ese momento, pues, tú lo sabes, amo Fredensborg por un instante indecible, un instante, sólo un instante, pero que para mí no tiene precio.
Ya que esta carta no tiene fecha y puede entonces ser escrita en cualquier momento, también puede ser leída en cualquier momento; y si alguna duda te atormenta a la noche, entonces también puedes leerla; pues en verdad ni un solo instante he dudado de que yo pueda llamarte “mía” (tú sabes todo lo que pongo en esa expresión, tú lo sabes, tú, que has escrito, tú misma, que tu vida se detendría conmigo si yo debiera separarme de ti, ¡oh! permítele que quede encerrada en mí tanto tiempo como estemos juntos, pues es sólo entonces cuando estamos verdaderamente unidos), ni un instante he dudado de ello, no, escribo esto con la convicción más profunda de mi alma, y aun en el rincón más oscuro del mundo yo no dudaría de que soy tuyo,
tuyo para siempre
S.K.









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