Alejandro Gómez
Querido cáncer, hoy escribo esta carta para despedirme de ti. Durante años me has acompañado en este camino, jamás te sentí tan cerca de mí como en estos últimos dos meses, los dolores, la fatiga, el entumecimiento y esa triste expresión en el rostro de mi madre que, aunque me desgarre el alma, debo seguir fingiendo con una sonrisa de entusiasmo para no afligirla más. El medicamento que según debe mejorar mi salud, me destroza por dentro y tú, sí, tú, tú sigues tan fuerte como en aquella mañana de agosto en que el doctor Julio nos presentó, pero yo me debilito más cada día. Te permití entrar a mis mejores momentos y sólo me has pagado otorgándome mis peores recuerdos. ¿Que si es justo?, no lo sé, pero no puedo permitir que sigas arrebatándome la felicidad. Contigo la gente me mira con lástima, ya no puedo ver otra expresión en sus rostros. Hoy decido eliminarte de mí para siempre. Qué cruel paradoja, pues con tu vida se apaga también la mía.
P.D: La tibia soga que estruja la garganta, es mejor que el tumor que limita los sueños.









No Comments