Guillaume Apollinaire
(Traducción de Marta Pino Moreno)
3 de febrero de 1915
Porque me hablabas del vicio…
Me hablabas del vicio en tu carta de ayer.
El vicio no entra en los amores sublimes.
Sólo es un grano de arena en el mar,
Un único grano que baja a los glaucos abismos.
Podemos emplear la imaginación,
Sacar a bailar los sentidos entre los despojos del mundo.
Crisparnos hasta la exasperación
O revolcar nuestros cuerpos en un fango inmundo.
Y enlazados en un único abrazo,
Podemos desafiar la muerte y su destino
Cuando los dientes castañeteen de pánico;
Podemos llamar tarde a la mañana.
Puedes deificar mi voluntad salvaje,
Puedo prosternarme como ante el altar
Junto a tu grupa que ensangrentará mi rabia.
Nuestros amores seguirán incólumes como un bello cielo.
Qué importa si agotados, mudos, boquiabiertos
Como dos cañones caídos en sus cureñas,
¡Rotos de tanto amarse nuestros cuerpos yacen inertes!
Nuestro amor seguirá siendo lo que fue.
Cariño, ¡ennoblezcamos la imaginación!
La pobre humanidad de ella carece.
El vicio no es más que una ilusión,
Que engaña sólo a las almas vulgares.
GUIL. APOLL.









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