Alejandro Hernández Daniel
El 15 de abril de 1920 salió a la venta la revista Zig-Zag. Semanario Popular Ilustrado, una de las primeras revistas mexicanas ilustradas que tenía por objetivo mostrar las notas sobresalientes en temas de sociedad, política y cultura. El origen de su nombre sugiere, de manera metafórica, el contexto “zigzagueante” de aquellos años de la revolución mexicana, y recuerda mucho a otra célebre publicación a principios del siglo XX: Revista de Revistas. Zig-Zag debió en parte su reconocimiento a las colaboraciones de dibujantes y fotógrafos que, en su mayoría, adoptaron seudónimos para la presentación de sus materiales. Su editor, el periodista Pedro Malahebar, afirmaba como novedad la sección de caricaturas llamada Galería De “Zig-Zag”, que retrataría a los hombres de la vida pública de México, del extranjero, prensa, política, arte y ciencia. Las caricaturas de personajes como Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón, Roberto Montenegro, Federico Gamboa, José Vasconcelos, Antonio Caso, entre otros más, formaron parte de esa galería.
Pero es la caricatura de Alfonso Luis Herrera López, publicada el 29 de Julio de 1920, la que cobra especial importancia, pues se trata de la primera y única vez, hasta donde se tiene registro en la historia de biología en México, en que este relevante personaje de la ciencia es representado de esta manera, lo que parece indicar que su persona fue digna de tomarse en cuenta en aquel tiempo. Además, hasta donde se sabe, es el único científico que fue dibujado a lo largo de los diferentes números de este semanario, mientras existió. La trascendencia de Alfonso L. Herrera se debe a que introdujo el darwinismo en México, así como de los paradigmas fundacionales de la biología, además de proponer una teoría referente a el origen de la vida, a la que denominó “plasmogenia”, desarrollando modelos morfológicos de células vivas preparadas por él mismo; fue también fundador de la primera cátedra de biología y autor de Nociones de biología, primer libro mexicano de esta ciencia con una clara tendencia evolucionista, publicado en 1904 ante la inexistencia de un libro adecuado para la enseñanza, lo que marcó una ruptura respecto a la historia natural. Fue fundador de la Dirección de Estudios Biológicos, el 2 de Octubre de 1915, tras convencer al ingeniero Pastor Rouaix, funcionario de la Secretaría de Fomento Colonización e Industria, ligado estrechamente al gobierno de Venustiano Carranza. Finalmente tuvo el mérito de ser el primer mexicano miembro de la Academia de los Lincei en Roma y el primero en publicar un artículo en la revista Science en 1942, poco antes de su fallecimiento.
El valor de las caricaturas, dibujos y sátiras como documentos visuales ha sido reconocido de manera general para la comprensión de la historia social y política debido a que poseen un atractivo humorístico además de persuasivo. Basta recordar el libro El linchamiento gráfico de Francisco I. Madero, del popular caricaturista, escritor y simpatizante de izquierda, Rafael Barajas Durán alias “El Fisgón”, que presenta un estudio y análisis exhaustivo sobre la manera en que las sátiras y caricaturas publicadas en ciertos medios — financiados por intereses de una minoría rapaz– ridiculizaron la imagen del presidente Madero y propiciaron el golpe de estado conocido como La Decena Trágica.
Sin embargo, las caricaturas y sátiras no suelen ser una fuente tradicional de documentación o de investigación, en comparación con el uso de los textos escritos, por lo que no son suficientemente exploradas por los interesados en la historia de las ciencias. Son pocos los investigadores –como Martin J. S. Rudwick, de la Universidad de Cambridge, con Caricature as a Source for the History of Science: De la Beche´s Anti-Lyellian Sketches of 1831 (1975) y Janet Browne, de la Universidad Harvard, en su artículo Darwin in Caricature: A Study in the Popularisaion and Dissemination of Evolution (2001)– cuyos trabajos se enmarcan en la disciplina conocida como iconografía de las ciencias y que tienen como objeto de estudio las caricaturas y sátiras, para describir, analizar e interpretar las características de las imágenes concernientes a un concepto, tema o personaje científico.
Tanto Rudwick como Browne sugieren incluso que son pocos los estudios que exploran dentro de los dominios de lo no científico o se preguntan en cómo esta actividad va formando parte de la cultura popular, a través de los periódicos y revistas, floreciendo más allá de las fronteras de los círculos profesionales, tal como la revista Zig-Zag. Las caricaturas y sátiras, como representaciones visuales, invitan a indagar y reflexionar sobre cómo se percibía un determinado momento histórico, así como su relevancia en la sociedad, controversias, hechos, instituciones o grupos particulares de intereses.
Lo que puede decirnos la caricatura a la que nos referimos al inicio es que, para aquel momento de su vida, Alfonso L. Herrera seguía al frente de la Dirección de Estudios Biológicos pero comenzaba el declive de su carrera debido, en parte, a los acontecimientos sociopolíticos ocurridos en aquel año de 1920: la proclamación del Plan de Agua Prieta, que desconocía al gobierno de Venustiano Carranza, cuyo régimen había propiciado condiciones adecuadas a los intereses científicos y el respaldo institucional a éstos por parte de Alfonso L. Herrera; sumado a un conflicto socioprofesional con el gremio médico, que sintió desplazada su influencia luego de que Herrera decidió reconvertir el decadente Instituto Médico Nacional por la nueva Dirección de Estudios Biológicos.
Vale la pena mencionar que la sección de caricatura de la revista estaba a cargo del mítico dibujante Ernesto García Cabral, mejor conocido como “El Chango”, que solía agregar en cada dibujo una pequeña rima escrita que describía al personaje en cuestión y firmaba bajo el alias de “X”. Oriundo de Huatusco, Veracruz, “El Chango” egresó de la Antigua Academia de San Carlos, en la Ciudad de México, donde tuvo como compañero y amigo al pintor, muralista y miembro fundador original de El Colegio Nacional, Diego Rivera. “El Chango” es célebre por sus ilustraciones en carteles de icónicas películas del cine de oro mexicano, entre ellas las estelarizadas por Germán Valdés “Tin-Tan” y Mario Moreno “Cantinflas”. Su obra es considerada desde el año 2012 como parte de la Memoria del Mundo de México y reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En etapas tempranas de su trayectoria artística, García Cabral colaboró en revistas como La Tarántula, El Ahuizote, Frivolidades y Multicolor, ligadas a ideologías conservadoras aunque su filiación, según el cronista Carlos Monsiváis, quien era un ávido coleccionista de su obra, no es para nada clara.
Gracias a una beca otorgada por el presidente Francisco I. Madero, viajó a París, Francia, donde estudió arte y conoció a varias personalidades como Vladimir Ilich Lenin, Igor Stravinsky, Pablo Picasso, entre otros, y colaboró en revistas como La Bayonette, Le Rire y La Vie Parisienne. Después de estallar la Primera Guerra Mundial decidió regresar al continente americano como agregado cultural en la embajada de México en Argentina, antes de volver de nueva cuenta a México. La revista Zig-Zag era limitada en tiraje y distribución, tal vez debido a que iba dirigida a círculos sociales muy limitados –lo que convierte a cada ejemplar conservado prácticamente una verdadera “rareza”–. Por lo tanto, no tuvo gran impacto en a la difusión de la imagen científica de Alfonso L. Herrera. Pero su hallazgo y recontextualización reviste especial interés ante la escasez de fuentes sobre la vida y obra de Alfonso L. Herrera y también de las representaciones visuales que de él se tienen o se han publicado a la fecha. Sin contar que este documento es valioso por sí mismo, tanto para la historia de la biología y arte en México, por lo que la investigación de este tipo de documentos es un campo fértil en nuestro país.









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