Ismael Ledesma Mateos
UBÚ
Resulta aberrante que en este país las candidaturas a diputados y senadores no tengan parámetros de rigor en términos de conocimientos y trayectoria política o académica. Cosas abyectas, dignas de la bajeza del Padre Ubú son algo cotidiano en nuestro país. De tal forma, hemos tenido candidatos como el boxeador Rubén Olivares “El Púas”, o la actriz Irma Serrano (amante del presidente Gustavo Díaz Ordaz), quien llegó a ser diputada y senadora.
Ahora, en el papel de candidata a una diputación por el PRI tenemos a Carmen Salinas, “La Corcholata” (la que en una película de ficheras decían que no se despegaba de la botella). La noche en que tomó protesta (yo digo el estelarísimo papel) como candidata a una diputación federal por la vía plurinominal, con seguridad aconsejada por el Padre Ubú, contestó a la prensa estupideces como “no poder opinar sobre el escándalo de corrupción” de la casa de Angélica Rivera “porque su casa también es blanca”.
En todos lados se cuecen habas: en el partido que apoyo, Morena, salieron con el absurdo de asignar candidaturas por medio de una tómbola, donde, obvio, hubo lugar para el menor sentido y conocimiento político. Así, cualquiera que se haya colado a una lista fue sorteado y probablemente sin merecimiento alguno se va a hacer de una candidatura y, si es plurinominal, de una diputación. Se trata de un acontecimiento inadmisible en un nuevo partido que representa esperanza para México, donde debieron haberse seleccionado a los mejores hombres, a los mejores cuadros para buscar la transformación del país.
Entre tómbolas y dedazos las candidaturas de Morena tienen en pocos casos a quienes, siendo sus militantes o simpatizantes, podrían contribuir realmente a la causa que el partido dice buscar. Pocas opciones de una izquierda fragmentada, donde el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano son otras de las pocas alternativas existentes. El PRD es algo absolutamente descartable, pues esa franquicia dominada por la banda llamada de “Los Chuchos” (emigrados del inmundo PST) se ha puesto al servicio de los intereses del PRI y del gobierno de su mandatario.
Pensando en el tema de la selección de candidatos, me viene a la mente un tema muy importante en el mundo en que trabajo y me muevo, el de la evaluación: ¿No sería fundamental la evaluación de un candidato antes, durante y después de su mandato? Esa evaluación implicaría conocimientos de la historia del país, de teoría política, de aspectos legislativos, de la práctica jurídica y las dinámicas sociales. Evaluación, como ocurre en la selección de estudiantes de los posgrados serios y de calidad: examen, entrevista rigurosa, realizada por gente bien formada y con experiencia y capacidad probada. En estos días, en los que es imperioso escapar de la comarca de Ubú, es crucial, necesario.
Los científicos de este país estamos bajo sospecha: sufrimos periódicamente evaluaciones de las que depende nuestro ingreso y nivel de vida, con todos sus defectos; el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) se basa en criterios de exigencia y rigurosidad en la selección de quien será nombrado “investigador nacional”. Es un filtro que ha pretendido elevar la calidad del mundo académico en México, así como cuidar que los recursos económicos (escasos) no se dilapiden y dar “estímulos” sólo a quien los merece y que compruebe mediante los productos de su labor que los ha usado para los fines con que le fueron otorgados y no gozan de “dieta” alguna. ¿No sería pertinente algo así en la vida política?
Que las cámaras de Diputados y de Senadores estén llenas de arribistas y “grillos” improvisados y que la propaganda sustituya a la información, es algo inadmisible. Si queremos aspirar a un país que funcione y avance hacia un futuro promisorio no bastará con votar, sino con tener candidatos inteligentes, hábiles y honorables, para no seguir en manos de epígonos del Padre Ubú, que como decía mi abuela (Mamá Anita) desean tener suerte, “que el saber poco importa”.









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