Tu Fu
Pleno otoño.
El viento de septiembre sopla con furia,
levantando tres capas de mi techo de paja.
Se las lleva a través del río,
y las desparrama a la orilla.
Algunas cuelgan de las copas de los árboles,
otras flotan en las hondonadas.
Los niños de la aldea Sur aprovechan mi senectud,
y llegan al extremo de robarme en mis barbas:
se llevan la paja a la arboleda.
En vano clamo, los labios abrasados,
y la boca seca, sin poder hacer nada.
De vuelta,
apoyado en mi bastón, me lamento.
De pronto, el viento cesa,
las nubes se tornan como tinta negra,
y el cielo se encapota en silencio.
Un cobertor de algodón, usado durante años,
está frío y duro como el hierro.
Mis hijitos, durmiendo mal, lo rompen pataleando.
Delante del lecho,
el tejado gotea, sin dejar lugar seco.
La lluvia cae sin cesar como hilos de cáñamo.
Desde la revuelta nunca he dormido tranquilo,
y esta noche, todo mojado,
¿cómo no la he de pasar en vela?
Ojalá se erija un edificio con miles de aposentos,
que albergue a todos los letrados pobres bajo el cielo
y los proteja de las tormentas,
asegurándoles la alegría de la vida,
¡Oh! cuando se yerga esta morada a mi vista,
aunque se derrumbe mi choza y me mate el frío,
estaré contento y feliz.
——
Traducción de Chen Guojian.









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