José Manuel Ortiz Soto
Iba libre por la vida y obsequiaba su amor sin exigir nada a cambio, sin la incertidumbre de estar hoy y mañana quién sabe, sin la preocupación de que al abrir los ojos se encontraría con un rostro añoso y desconocido. Entonces era joven e ignoraba que los sentimientos suelen ser caprichosos. Hoy, mientras hurga con mano temblorosa en los recuerdos, siente renacer en carne propia la pena que ocultara cada amor pasajero. Al verse en el espejo, ya no se reconoce.









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