Consultario
  • Ensayo
  • Museo
  • Narrativa
  • Opinión
  • Palimsesto
  • Poesía
  • Teatro
  • Directorio
  • Tendencias
  • e-consulta
eliza-bennett-sews-thread-into-her-flesh-designboom-02
KAOS 0

Angustia y perversión en la violencia de género

· abril 21, 2017

 

Antonio Bello Quiroz

 

La sexualidad es una pista de patinaje para el sujeto. Podemos gastar muchas páginas, horas de escritura, como ha ocurrido, y muy poco podríamos avanzar en este tema. Nada fácil es abordar la cuestión de la sexualidad, más aún si se trata de la sexualidad femenina. Sabemos que Freud se refería a la mujer como “el continente negro”, y señalaba que las investigaciones que sobre la feminidad se habían realizado dejaban más interrogantes que respuestas definitivas. El mismo maestro vienés reconoce que no está nada satisfecho con lo que avanza en este sentido.

La violencia contra las mujeres es un fenómeno que vemos repetirse en prácticamente toda la república e incluso en todas las latitudes del mundo. Un fenómeno como los feminicidios llaman a explorar más allá de lo obvio. ¿Tendría algo que decir el psicoanálisis al respecto? Quizá la respuesta sea afirmativa, aunque sea sólo en términos de poder revisar lo que desde este discurso se dice con respecto a la sexualidad femenina y los fantasmas masculinos que la sostienen.

El psicoanálisis se inventa justo para poder escuchar algo de la sexualidad en las mujeres que era acallado. Para Freud escuchar a sus pacientes le permitió percatarse de que algo en el campo de la sexualidad no marchaba. Y algo en particular no marchaba en la sexualidad femenina.

Aunque su interés por la función de la sexualidad en la constitución del sujeto le ocupa desde inicios de su obra, incluso antes de que propiamente existiera el psicoanálisis, es hasta 1925, en su escrito sobre “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos” que sintetiza su primera formulación sobre la sexualidad femenina como diferenciada del varón, planteamiento que tiempo después es reformulado en un trabajo de 1931 que lleva por título justamente “Sobre la sexualidad femenina”, dejando al descubierto la diferencia entre los sexos: por un lado, la estructura del complejo de Edipo y del complejo de castración en la mujer, y por el otro, la posterior diferencia en la construcción del superyó y el masoquismo femenino.

Sin duda, antes de avanzar, es necesario dejar en claro que el masoquismo femenino no se presenta exclusivamente en las mujeres, más aún, en psicoanálisis masculino y femenino no corresponden en absoluto a la organización anatómica que el sujeto presente, se trata más bien de una posición subjetiva frente al goce y el deseo. Esta posición subjetiva está sostenida no por lo biológico-anatómico sino por el fantasma. Estas dos posiciones se caracterizan por la envidia del pene del lado de la mujer y la angustia de castración por el lado del varón.

Esta afirmación de que la constitución de la subjetividad, y desde luego de la sexualidad, en la mujer se organiza a partir de la envidia del pene ha traído no pocas críticas al psicoanálisis, fundamentalmente desde los discursos feministas. Incluso al grado de considerarle una teoría misógina. Nada más alejado de la realidad epistémica.

Lo que Freud va a mostrar es una secuencia lógica en la constitución psíquica en la mujer. Señala que en principio hay una fase preedípica; obviamente el primer objeto de amor es la madre (al igual que en el niño). Se dice que en esta etapa, al igual que el varón, la niña es el falo de la madre. Vendrá un segundo momento en donde la niña se descubre privada de algo, se percata de la diferencia anatómica de los sexos; ella no tiene el falo o su sustituto imaginario, el pene: está castrada. Ésta es su entrada al complejo de castración a partir de instaurarse en ella la envidia del pene. Es alrededor de esta falta que se instaura el deseo de tenerlo de quien lo porta. Un mandato se instala en ella, dice Freud: “¡Ya lo vi, y lo quiero!”

Desde luego que hay diversas consecuencias psíquicas para la niña ante este descubrimiento de su castración: sufre una afrenta narcisista, un dolor profundo a partir de que se resignifican otras pérdidas (el pecho, las heces), dolor que vive como un castigo, la consumación de una amenaza. Esta afrenta reactiva las pulsiones sádicas hacia el objeto materno.

En la niña el complejo de castración tiene como función llevarla al complejo de Edipo en una secuencia lógica: en principio, pasa de la posición de no tener el falo, a la posibilidad de tenerlo del Otro, bajo la forma del pene o bajo la forma de un hijo.

Ahora ya es posible decir que el complejo de Edipo en la mujer no conduce a una formación del superyó, como ocurre con el varón. En la mujer este superyó adquiere la forma de un masoquismo, el llamado masoquismo femenino.

En 1925 Freud escribe “El problema económico del masoquismo” y establece la existencia de tres clases de masoquismo: masoquismo moral (se presenta como una norma de conducta ante la vida), masoquismo erógeno (se presenta como una condición previa a la excitación sexual) y masoquismo femenino (expresión de la “naturaleza femenina”). Este último, como ya señalamos se caracteriza por el placer en el dolor que se encuentra articulado por la condición de ser castrado, pasivo o poseído sexualmente y que Freud asocia a la naturaleza femenina.

No tendríamos que decir que entre sadismo y masoquismo no hay equivalencia alguna. Sabemos ya desde hace mucho tiempo de la compulsión perversa de gozar de los límites del fantasma neurótico, esos que los Gilles de Rais del diario se han encargado de cumplir. Personajes múltiples que se han encargado de llevar sus acciones al límite de lo abominable. El perverso no lo imagina: lo hace.

¿Cómo es que el perverso encuentra el resquicio que llevaría a hacer uso de esa disposición al masoquismo? En principio, negando la existencia del otro; el neurótico, para el perverso, constituye no más que una fuente de explotación y siempre dispuesto al desprecio. El perverso se mueve por sí mismo, hace del otro una marioneta, siempre culpable, de su goce.

Son tiempos en donde la perversión incluso tiene buen cartel, donde se ponen en suspenso la función limitante del displacer, rechazando la disyunción entre el goce y el deseo.

Lacan, en su seminario sobre la angustia, va a insistir en que no hay reversibilidad entre el sadismo y el masoquismo. Señala incluso que el sádico busca la angustia del Otro. Es decir, el sádico busca poner la angustia del lado del otro, y con eso perpetuar su goce. Su satisfacción quizá sea justamente que la sociedad permanezca siempre azorada, angustiada.

 

 

Share Tweet

admin

You Might Also Like

  • nave-de-los-locos-420x243 KAOS

    Las locuras y sus naves

  • KAOS

    Dalí, Freud, Lacan

  • el_poder_del_silencio-1030x687 KAOS

    El silencio y la potencia de la palabra

No Comments

Leave a reply Cancel reply

Recientes

  • Gorilas en Trova 0

    Tirsso Castañeda: sinapsis y revelaciones

    Abril 20, 2022 / Por Maritza Flores Hernández Rodeado de su obra, el artista plástico Tirsso Castañeda conversa sobre cómo el arte es revelación del yo interior, de ...

    On abril 21, 2022 / By admin
  • teatroprincipal_puebla
    Tinta Insomne 0

    Las calles de Puebla

    Fabiola Morales Gasca (Portada: Teatro Principal de Puebla. Tomada de https://www.mexicoescultura.com/recinto/50387/teatro-principal-de-puebla.html#prettyPhoto) Siempre he amado las calles del Centro Histórico de Puebla. El Teatro Principal fue, durante mucho tiempo, ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • picasso_blue1
    DCTS 0

    Las madres y el otoño

    Márcia Batista Ramos (Portada: Pablo Picasso, Madre e hijo, 1901. Periodo azul)   Divinos misterios trae el otoño, que derrama las hojas en tonos naranjas y amarillentos, precediendo ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • Fronteras infranqueables
    Ensayo 0

    Fronteras infranqueables

    Jorge Escamilla Udave   La experiencia de leer un libro conjuga una serie de aspectos que suelen ser reglas de oro para el lector potencial y los más ...

    On abril 20, 2022 / By admin
  • secesionenmexico
    Las malditas ciencias sociales 0

    ¿Cuántos regionalismos caben en el nacionalismo?

    Cúmulo Obseso / Aarón B. López Feldman   ¿Quién recuerda cuando la nación hace memoria? Jesús Martín-Barbero   Cuando hablamos de nacionalismo y de regionalismo hablamos de la ...

    On noviembre 20, 2020 / By admin
  • Directorio

© 2013 Solo Pine Designs, Inc. All rights reserved.