Maria van Rysselberghe
Ya he dicho que él era muy friolento. Cubierto con una gruesa bata que se pone encima de sus ropas, un sombrero blando, grandes gafas de cuerno, las piernas envueltas en una frazada argelina, tiene a la vez la apariencia del viejo actor y del viejo sabio. Todo el día tuvo los pies junto al brasero en un cesto llamado “el cesto de los gatos”.
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… entró en mi casa y me dio un ataque de risa loca. Su aspecto era formidable, muy molieresco, extrañamente vigoroso: tocado con un gorro de algodón que mantenía muy erguido sobre su cabeza, un chal verde alrededor de los hombros y bien embozado en un gran albornoz azul, parecía no sé qué terrible Père Ubú.
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Esta mañana, él estaba extrañadísimo, sentado en una silla baja, pegado a su radiador, las rodillas contra la barba, todo encogido, rigurosamente abotonado dentro de un traje de color de castaña, con un sombrero de piel de topo. Parecía un enorme juguete de lujo de hermoso peluche, el mono con gafas.









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