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Alicia: el cuerpo que habla y sus maravillas

· abril 19, 2019

Antonio Bello Quiroz

 

El psicoanálisis siempre ha tenido vasos comunicantes con la literatura. La poesía y la mitología han sido referencia para Freud desde los primeros momentos de su obra. Tanto Freud como Lacan han realizado múltiples homenajes y reconocimientos a los escritores y poetas, además de mostrar disposición a dejarse enseñar por ellos.

El viaje de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll es un recorrido por el asombro, la contradicción, el sin-sentido. Al respecto dice el filósofo francés Gilles Deleuze:

“Todo empieza en Lewis Carroll con un combate horrible. Se trata del combate de las profundidades: hay cosas que estallan o nos hacen estallar, cajas que son demasiado pequeñas para su contenido, alimentos tóxicos o venenosos, tripas que se alargan, monstruos que nos engullen. Un hermano pequeño utiliza a su hermano pequeño como cebo. Los cuerpos se mezclan, todo se mezcla en una especie de canibalismo que junta el alimento y el excremento. Hasta las palabras se comen. Es el ámbito de la acción y de la pasión de los cuerpos: cosas y palabras se dispersan en todos los sentidos o por el contrario se sueldan en bloques indescomponibles. Todo es horrible en el fondo, todo es sinsentido. Alicia en el país de las maravillas debería para empezar llamarse: Las aventuras subterráneas de Alicia.”

La novela está firmada por Lewis Carroll, seudónimo que utilizará el reverendo y matemático Charles Lutwidge Dogson, persona que mantiene una muy cercana relación con la niña Alicia Liddell y sus dos hermanas. Las visitaba con frecuencia llevando consigo un maletín lleno de juguetes, y ellas quedaban fascinadas con las historias que les contaba. Entre las hermanitas Liddell había una preferida: Alicia.

Lacan en su homenaje al escritor señala que Lewis Carroll se hace su servidor, ella es el objeto que él dibuja. Es por ella que él se hace escritor de literatura infantil, quizá el precursor del género. Es la forma en que Lewis Carroll sublima una pasión amorosa, hace de este goce un tratamiento por la vía de la escritura aunque inicia con la palabra hablada.

Lewis paseaba con frecuencia con las niñas y en uno de estas excursiones las hermanas Liddell pidieron a Carroll que les contara una aventura, y nuestro escritor inventó la historia colocando a Alicia como la protagonista. Él inventó la historia y ella, Alicia, le pidió que la escribiera: Alicia en el país de las maravillas es entonces la respuesta a una demanda, y como bien sabemos, toda demanda es una demanda de amor.

Lacan va a destacar la satisfacción (alegría) con la cual Lewis Carroll hace juegos con el lenguaje, cadenas asociativas e incluso neologismos, donde él mismo se ubica, como el personaje del Dodo, un ave tartamuda que organiza una carrera loca y una larga historia; al tartamudear se nombra en ese nombre, do-do, como repetición de la primera sílaba de Dogson. De Alicia podemos destacar el lugar que Lewis Carroll le da a su pulsión: su curiosidad que no se agota, y sus deseos de aventura por un lado, pero también la pulsión ligada al cuerpo que la llevan a comer y beber sustancias que alteran su percepción corporal.

En el último trayecto de la enseñanza de Lacan el lenguaje adquiere una nueva dimensión, se destaca ahora el elemento anterior a cualquier ordenamiento formal, elemento conocido como la lalengua, ese primer encuentro con el lenguaje donde priva el ritmo: ahí habitan los sonidos del lenguaje que se imponen a su sentido. Poner acento en este uso del lenguaje es lo que se hace en la experiencia clínica del psicoanálisis y, podemos decir, es también lo que hace Lewis Carroll en Alicia. En la trama la Duquesa le dice, por ejemplo: “cuida del sentido y el sonido cuidará de sí mismo”. Muestra que el sonido, el ritmo podría decirse, funciona por sí mismo, es el goce del lenguaje sin que el sujeto intervenga imponiendo un sentido. Y también el diálogo con el sombrero loco encontramos el ritmo ahora referido al tiempo: “¡Ah, eso lo explica todo! —dijo el Sombrerero—. El tiempo no tolera que le den palmadas.”

El ritmo, tanto en la experiencia clínica como en Alicia, impone el sinsentido, el nonsense, eso que escapando a la lógica introduce un sentido inédito, incluso un contrasentido, que en sentido estricto no es sino otro sentido, por ejemplo: caminar en sentido opuesto para aproximarse. La función a la que se apunta en el sinsentido es desarticular sentidos como lo hace Carroll de manera extraordinaria. En el Seminario 23, Sinthome, dedicado a Joyce, Lacan nos muestra que el hablante, el hablante-ser como le llama, goza del lenguaje con su cuerpo. Alicia juega con su cuerpo, en ella, sus dimensiones, sus extensiones, el misterio del ser que es el goce que nos habita se ciñe a la extrañeza del cuerpo.

En análisis, como se puede comprobar en cada experiencia, se produce un encuentro que desencuentra; inicia con una interrogación sobre la relación con los otros y con el Otro, hasta cuestionar la relación con el ser y con el propio cuerpo. El cuerpo es algo extraño para cada uno, no tenemos con él sino una relación de desconocimiento, sólo lo conocemos parcialmente (resulta imposible tener una mirada completa del cuerpo, sin importar el dispositivo óptico que utilicemos). El cuerpo es desconcertante, por estar atravesado por el lenguaje es Otro para cada uno que lo tenga. Justamente porque nos resulta desconocido, cada uno tendrá que hacer un trabajo permanente de apropiación del cuerpo.

Lacan inventa un neologismo para mencionar esta condición del cuerpo y habla de lo éxtimo, es decir, la vivencia de sentir algo íntimo a la vez que completamente externo. Ya Freud nos hablaba de lo ominoso para referirse a esa misma condición de lo familiar y a la vez desconocido de sí mismo. En el capítulo quinto de Alicia en el país de las maravillas, a partir del consejo de una Oruga, se produce la pregunta por el ser: ¿quién eres tú? Y Alicia responde:“Pues… pues creo que en este momento no lo sé, señora… sí sé quién era cuando me levanté esta mañana; pero he debido de cambiar varias veces desde entonces”. Y un poco más adelante continúa Alicia:“me temo que no se lo puedo explicar con más claridad; porque para empezar, yo misma no consigo entenderlo; y el cambiar de tamaño tantas veces en un día es muy desconcertante”.

Lacan decía que el cuerpo es algo profundamente extraño para el sujeto. El cuerpo es algo que se tiene, pero que no está dado de entrada. No se trata de una cuestión primaria sino secundaria, como enseña Colette Soler. Cada sujeto tiene que hacer una operación permanente de apropiación del cuerpo. La relación con el cuerpo es lo que bordea la cuestión del ser que lleva impreso un desconocimiento estructural, un no-saber fundante.

El goce de hablar, por tanto, va completamente por delante del sentido. Si bien el sentido provee de una satisfacción, lo fundamental de la satisfacción es que ésta se extrae del hecho de hablar. Por tanto, el lenguaje no está al servicio de la comunicación sino del goce.

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