UBÚ /
Ismael Ledesma Mateos
Conocí a Jorge Castañeda Gutman en la Universidad Autónoma de Puebla, cuando se creó el Centro de Estudios Contemporáneos (cec) del Instituto de Ciencias (icuap), dirigido por Enrique Semo. Fue precisamente en la presentación de un libro del maestro Óscar del Barco titulado Para una crítica de la teoría y práctica leninista, en la que Semo y colaboradores —entre ellos Castañeda— montaron en cólera y cuestionaron al autor que, en verdad, decía las cosas como puede documentarse que fueron, con el rigor del historiador y del filósofo que era Óscar, en contra de los dogmatismos del estalinismo y del socialismo real.
Al igual que yo, Jorge Castañeda (nacido en 1953) era militante del Partido Comunista Mexicano. Sin embargo, ahora que tengo en mis manos su autobiografía, Amarres perros, me entero que ingresó al pcm en 1978; en cambio, yo ingresé en 1976. Era un estudiante de preparatoria, menor de edad, nacido en 1960, pero al ser un partido ilegal y clandestino, eso no tenía la menor importancia. Era verdaderamente un “escuincle precoz”; ese hecho, así como el narcisismo que ambos padecemos me hace sentir un vínculo con el autor del libro.
No supe más de Jorge Castañeda hasta que me enteré de su participación en la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas, luego su alejamiento del prd (en el cual yo jamás milité), su participación en el grupo San Ángel y posteriormente la lectura de su magnífico libro La herencia. Arqueología de la sucesión presidencial en México (Alfaguara, 1999), en el que su narrativa, que raya en lo chismoso, es realmente deliciosa. Después de ello, su incorporación a la campaña de Vicente Fox, en un salto mortal de la izquierda a la derecha, que tiene como una de sus manifestaciones más emblemáticas la hostilidad contra Cuba en su paso por la Secretaría de Relaciones Exteriores, que tuvo su reflejo más impactantes en el “comes y te vas” que el presidente mexicano dijera a Fidel Castro.
En Amarres perros nos encontramos con una narración personal, que evidentemente omite cuestiones inconvenientes para el ego, tal como su salida de Puebla, cuando desapareció el cec del icuap, pero que da cuenta de una vida personal y política en una época crucial de la historia del país, y ésa es una gran aportación. En su artículo “Les usages de la biographie”, Giovanni Levi (Annales, 1989) reivindica la importancia de la biografía en la historia, que es un estilo de narrativa y de investigación que llegó a ser a ser despreciado por mucho tiempo. Retomé ese texto hace muchos años, cuando empecé a realizar ensayos biográficos acerca de la historia de la biología mexicana, inspirado también en la Biografía del poder, de Enrique Krauze, con quien comparto esta valoración de la biografía como fuente historiográfica insustituible.
En toda autobiografía “se cuelan los ratones en la cocina” y por tanto la subjetividad, el autoelogio y la vanidad estarán presentes; sin embargo, su valor es enorme. La historia de la biología mexicana, por ejemplo, no podría concebirse sin un libro imprescindible, que es la autobiografía de don Enrique Beltrán, Medio siglo de recuerdos de un biólogo mexicano (Sociedad Mexicana de Historia Natural, 1977). Entonces estamos en que la biografía y la autobiografía son un recurso fundamental para la historia, aunque, como dice el propio Castañeda, la autobiografía es un género casi desconocido en México.
Más allá de las simpatías, antipatías o discrepancias que puedan tenerse con Jorge Castañeda Gutman, debe reconocerse que Amarres perros es una contribución importante a la historia política del México contemporáneo, y como señala su hermana, Marina Castañeda, en el prólogo al libro: “Algunas autobiografías son interesantes por la importancia histórica de su narrador; otras por la visión del mundo muy particular —original, excéntrica o simplemente graciosa— que nos revelan; y otras, por la personalidad misma del autor. La de Jorge Castañeda combina los tres elementos, pero sobre todo los dos últimos. Lo interesante de Jorge para los que hemos convivido con él durante algunos años… es que nunca pasa desapercibido, ni nos deja indiferentes. […] Jorge siempre impacta, para bien o para mal, por su forma de ser, de pensar y de expresarse. A veces lo queremos, a veces no lo soportamos, pero nunca deja de intrigarnos.”
¡Cierto! Él no es santo de mi devoción, pero la lectura de su reciente libro, me resulta por demás estimulante y altamente recomendable. El Padre Ubú lo leería con gusto, por esa vocación narcisista y vanidosa que forma parte de las facetas oscuras de lo humano que él representa y tal vez lo ayudaría a reflexionar para poder cambiar un poco.









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