Manuel Mujica Láinez
Cuando más me afligía la amargura
de mi país burlado y humillado,
y el no reconocerlo, transformado
en un niño al que guía la locura,
cuando ya no sabía hacia qué lado
volver los ojos en la noche impura,
porque todo era miedo y espesura
y nada nos quedaba de lo amado;
me acerqué a ti, que estás en la alta calma
de lo inmortal, y entonces mi pobre alma
recuperó, escuchándote, el sosiego,
pues tu música exacta me decía
que no hay eternidad sin armonía
y sin amor, y que no fuera ciego.
——
El autor fue insigne traductor de Shakespeare al español, por lo que reproducimos este emblemático soneto de ocasión (publicado en La Nación de Buenos Aires el 19 de abril de 1964), realizado con motivo del cuarto centenario del nacimiento del poeta inglés.









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