Albert Verwey
Alma mira en la mañana brillante
Abierto alrededor de la cima este abigarramiento de flores
De ningún material secreto y sin embargo sometido
Sentido original de humedad de vapor y de fondo.
Ligazones dislocadas por la llama
Conmociones allanadas de suspiros
Líneas entrecortadas desgarrando el abismo
Urdimbre en espiral surcando los aires.
Cielo y Tierra prometen el Secreto
Éter y Caos se arremolinan en lo Uno
Sombrías amenazas que emergen de las profundidades en círculo
Pradera celestial rebosante de trémulas apariencias.
En mí se juntan los polos
La chispa crepitante brota de las ascuas
Nunca más para mí las antiguas sinuosidades
Para mí el esqueleto en zigzag de los relámpagos.
Qué importa si las formas se purifican
Si el Corazón-Niño pende de lo que fue
Dónde se engendran para el ojo milagros
En colores: el alma se divide espantada en dos almas.
Miagro del Todo en el movimiento ahogado
Visible: en su interior compañero de juego
Cambio eterno revelado y hermético
Brota sin fin en nosotros un manantial
Manantial del Todo las olas de su vida
Con él crecidas, con él entrelazadas
Torbellinos agitados de colores y formas dentadas
Y nos sentimos en un balanceo torrencial de colores
Nuestra esencia, de luz los resplandores
Donde se pierden movimientos y hechuras
Donde en el seno de danzas infinitas
La rigidez del momento no eligió para sí ningún instante.









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